16.11.06

El gran misterio de la multisexualidad

por Carlos Lisaar

Pues no señor, no estamos de acuerdo. No hay manera de que nos entendamos entre nosotros cuantos estudiosos de la sexología nos dedicamos a desentrañar ese misterio de la variedad, de la infinita variedad que hay de impulsos sexuales.

Está demostrado que pueden existir orígenes conocidos de tendencias por razones hormonales, anatómicas, fisiológicas, etc., es decir, por caracteres objetivos fácilmente reconocibles y analizables, como el hermafroditismo (simultaneidad anatómica de órganos de ambos sexos), o el travestismo (órganos de un sexo situados en cuerpo cuya mente tiene las tendencias del otro género), o la mezcla en diverso grado de la cantidad de hormonas de un genero en cuerpos con órganos sexuales del otro (“plumas” evidentes en hombres o caracteres marcadamente masculinos en mujeres). Todos estos casos, tienen la justificación reconocida de que la naturaleza se equivocó (y lo hace con demasiada frecuencia). Pero no es por ahí por donde yo quiero conducir la idea de que no nos ponemos de acuerdo. Éstos son casos claros, congénitos, donde ya se nace con esa característica.

Yo me quiero referir a la infinidad de personas (e insisto en infinidad, porque pienso que no hay posibilidad de estadísticas), que están consideradas absolutamente normales, sin ningún tipo de anomalía (ni anatómica, ni fisiológica, ni hormonal, ni emocional, ni mental, ni etc., de etc.,), y que desde un 100 % hasta un 0 % (por valorarlo de alguna manera) se sienten atraídos por personas del mismo sexo. Esto es lo que yo he venido en llamar “factor de homosexualidad”. Y aclaro lo del porcentaje (“factor de homosexualidad”) para que nos entandamos.

Alguien que supuestamente aceptáramos que tiene un factor de 80 (es decir, que la atracción que siente por las personas de su sexo lo cifráramos en un 80 %) haría suponer que el complemento a este factor (el 20 %) es la atracción que siente por el sexo contrario. Para terminarlo de aclarar: un factor 50 (es decir, un 50 %), sería el puro bisexual que lo mismo le gustan las mujeres que los hombres. ¿Y esto como se explica? Yo tengo mi propia teoría y no es gratuita, sino consecuencia de haber dedicado muchas horas a tratar a hombres y mujeres cuyos factores de porcentaje (tal como yo lo entiendo por lo dicho antes), iban de un extremo al otro: desde el 0 al 100. Para un heterosexual puro como yo (factor 0) y ante una tertulia de amigas y amigos como vosotros, donde ha de primar el respeto a la sensibilidad de vuestros oídos (en este caso, ojos, ya que me leéis), no puedo entrar en detalles de mi introducción en los ambientes más apropiados, totalmente liberales en el más amplio sentido de la palabra, como clubes de intercambios de parejas, de “gays” e incluso de lesbianas, de distintos niveles, de diferentes poblaciones, y durante bastante tiempo, haciendo amigas y amigos a lo largo de muchas noches de confidencias y de presenciar de todo. De conversar sobre gustos, sobre fobias, sobre fantasías sexuales e incluso de cómo muchos las realizan y de que artimañas se valen para reconocerse entre sí fuera de estos típicos ambientes. Imprescindible para realizar un estudio de la profundidad y extensión que pretendía.

Lo que más me llamó la atención de estos característicos lugares, es el absoluto respeto y el alto nivel de educación en el trato. Basta con que alguien haga ver los límites con que desea mantener su relación con los demás, para que nadie intente pasarse lo más mínimo, incluso en salas de mayor intimidad, donde puede desarrollarse una orgía y aparecer sucesivamente personas a las que nadie conoce, (a no ser una sala privada más pequeña y para un grupo de amistades, que incluso pueden cerrar por dentro). Una simple caricia (primer grado de insinuación de una mujer o un hombre), se hace pidiendo permiso y de ahí en intensidad creciente según el grado de aceptación de quien lo recibe.

Incluso en una conversación en la barra del bar de ese lugar, todos correctamente vestidos aunque saben que terminarán como Dios los trajo al mundo en habitaciones interiores de grandes colchones por el suelo y distribuidos según apetencias. Pido perdón si hiero alguna sensibilidad al contar algo que bastantes desconocen pero que para una gran cantidad de personas de una sociedad aparentemente pacata, es algo natural, como un deporte o una afición más. Y quiero justificar el contaros esto, para aclararos que la finalidad que me propuse entrando en estos ambientes, fue el estudiar de primera mano las reacciones de las múltiples posibles relaciones íntimas, ya que en un lugar donde no hay tabúes para pedir educadamente cualquier matiz de sexo, las personas se expresan con tal libertad (para pedir, para conceder, para experimentar, o para negar sin que nadie se ofenda) siendo los lugares ideales para sacar conclusiones.

Otra de las razones para entrar en esos detalles es porque muy probablemente habrá quienes no estén de acuerdo a las conclusiones que he llegado sobre el hecho que ahora mismo defenderé como conclusiones a todo este “estudio de campo”. Sólo ruego que quien piense otra cosa, se moleste en realizar los mismos estudios en los lugares adecuados, y en donde pueda comprobar las reacciones libres de personas que no estén condicionadas por sus creencias religiosas o por una estricta moral sexual.

Este largo y minucioso estudio me hizo llegar a la conclusión de que todos llevamos dentro la propensión de los dos sexos. Solamente si nos desarrollamos y educamos aislados y sin influencia, nuestra naturaleza nos va a conducir a las apetencias sexuales con las que naturalmente nacimos y nuestros cromosomas y hormonas nos hacen ser mujeres o hombres, con claros instintos femeninos y masculinos, pero que si estamos rodeados del ambiente propicio, PODEMOS RECONDUCIR dichas apetencias en una proporción variable (recordemos el factor de 0 a 100), según las compañías, la educación, el carácter, la influencia de la familia, del ambiente social, y mil influencias más que la vida va poniendo a nuestro alrededor.

Los internados de colegios, las prisiones, los conventos... son el caldo de cultivo para desarrollar apetencias homosexuales cuando dos personas del mismo sexo se compenetran al encontrar mutuamente satisfacciones que se inician inocentemente y crecen con el aislamiento exterior y la falta de otros cariños. Primera conclusión: Excepto los casos de origen congénito mencionados al principio, TODOS estamos predispuestos (si las circunstancias que nos rodean son propicias) a desarrollar un determinado grado (factor de 1 a 99) de bisexualidad. Segunda conclusión: (Y esto sería tema para desarrollarlo aparte) Dados los hábitos de intimidad desarrollados por las costumbres del comportamiento privado entre mujeres y sus costumbres entre ellas, que nos parecen tan normales y que entre hombres son impensables, (van por parejas al servicio, se muestran entre sí con exhibicionismo la ropa interior puesta, se besan y acarician como lo más natural), conduce todo ello a que la bisexualidad femenina sea considerada como lo más natural dentro de los ambientes liberales, mientras que la de los hombres, aunque respetada, se da en mucha menor proporción.

Estas serían las dos conclusiones más importantes sacadas de aquel estudio relativas a la bisexualidad. No me llamaría la atención que profesionales en la materia discreparan en alguna medida. Es natural que así sea, pero ya acepté desde un principio que en un tema polémico como éste, hay diversidad de opiniones. Como aquel estudio dio mucho material sobre otras cuestiones relacionadas con el sexo, ya habrá oportunidad de tratar sobre algunas de ellas.

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Consultorio Sexológico de Carlos Lisaar

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